
MIS CUATRO ESTACIONES
Me regalaron una vida, envuelta en maderas de un falso caballo. Yo lo creí y deje que su olor regara mi maltrecho jardín. El tiempo pasó y las lluvias lagrimales mojaron hasta el hartazgo, su ego no soportó tanta humedad y buscó la manera de salir. Furia encabronada y yo sin escudo ni armadura, astillas clavadas en la espalda de mi corazón, manos agrietadas juntando los restos, palabras ausentes solo balbuceos del alma. Mordí otros labios cuando otros labios se acercaron, lamí los dedos de las manos que me tendieron, pisé baldosas flojas y manché mis tobillos, mis puños al espejo y mi cuerpo al colchón.
Verano encerrado tras barrotes de cemento, sabiendo del calor solo por su reflejo pintado a mano alzada en paredes de desamor. Ropas desteñidas de épocas pasadas, adornos de cafeína devolviéndoles el color.
Con cada paso un sonido, el otoño me regaló una larga melodía, de punta a punta la ciudad marcada por mis suelas. Buscando gente sin rostros, ó rostros sin gente. Cuerpos cruzando pero nunca rozando despellejaron mis brazos y colgaron las pieles. Perfectos abrigos de su vanidad hechos de pena y mi soledad.
El sórdido invierno fue mi nuevo desafío, su somnoliento castigo me despertó de una vez y para siempre. Salí a encontrarme con el mundo, a encontrarme conmigo, a encontrarme con vos. El mundo no me gustó, a mi aún no me comprendo, pero a vos te conocí y te clavé mis uñas. Te abordé en una mirada y sentí que el viento soplaba a favor; mi barco de mar abierto a tu orilla como hogar. Me aferré a tu humanidad y la recorrí entera, tomé las medidas de mi nuevo traje y de rodillas imploré: “riega por favor con tu aroma mi jardín, usa como suelo esas cenizas a tus pies. Florece mi alma y aclárame el aire, te tengo en mi vida…primavera otra vez”.

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